LOS QUINTA COLUMNAS @sangarccs

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Antonio Sánchez García @sangarccs
 

LOS QUINTA COLUMNAS "Se ha hecho hábito: bajar la testuz y correr a arrodillarse ante el sultán para evitar el tsunami que arrase con todo. Es lógico: los quinta columnas serán los primeros en ser arrasados."


No sé qué es más aberrante: si la existencia de la quinta columna en las filas democráticas, desde poco después de instaurarse el ciclo de Punto Fijo luego del 23 de enero de 1958: la quiebra de Acción Democrática que diera lugar al MIR, el permanente doble juego de Jóbito Villalba y URD de Ignacio Arcaya, José Vicente Rangel y Luis Miquilena, el MEP de Luis Beltrán Prieto Figueroa, los reiterados golpes de Estado desde entonces y la penetración del castro comunismo en las filas de las Fuerzas Armadas hasta coronar su persistente y profundo trabajo de zapa en el seno de una institucionalidad permeable y dispuesta a la infiltración de la debacle de la mano del chavismo – al que contribuyeran de manera insuperable los medios, la cultura y los instrumentos del Estado penetrados por toda suerte de “abajo firmantes” – novecientos sirvieron de alfombra “intelectual” al triunfal retorno de Fidel Castro, en los albores de su Gran Zarpazo - o la insólita tolerancia de las víctimas ante la persistencia y profundidad del asalto a la institucionalidad democrática facilitada por los bonzos intocables de nuestra cultura de izquierdas.

Lo irrebatible es que la democracia venezolana ha estado siempre al borde de la desestabilización y el derrumbe. Lo cual, por cierto, avalado y respaldado por una hegemonía estatizante, clientelar y de izquierdas. Se hizo lugar común la verdad según la cual en Venezuela hasta la ultra derecha es de izquierdas. Desde las universidades, reino indiscutido del marxismo leninismo, hasta las academias e incluso algún sector de la Iglesia. Cuando Venezuela, al decir de Picón Salas entra al siglo XX, a la muerte de Gómez, en 1935, apenas quedan atisbos de una conciencia liberal. Y el máximo posible de conciencia liberal cabalgó sobre las visiones del padre del socialismo democrático venezolano, Rómulo Betancourt. Una contradictio in adjecto. Uslar jamás resolvió su conflicto hamletiano y hasta terminó coqueteando con la barbarie, como Juan Liscano, Maiz Vallenilla y otros próceres de la godarria. Los Boulton, los Phelps, los Vallenilla. Caldera se aferró a un clientelismo preconciliar y el castrismo se anidó en los cuarteles, a la paciente espera del gran zarpazo.

Ello erosionó a tal grado las autodefensas inmunológicas de nuestra sociedad, que llegado el momento nadie opuso resistencia real al asalto del castro comunismo chavista. El trabajo de zapa había dado sus frutos, la mesa estaba servida. En el colmo del quid pro quo sobraron quienes aplaudieron su asalto como forma de asumir los beneficios de un gobierno de fuerza, entendiendo por tal un gobierno militar. En la sórdida y estúpida creencia de que Hugo Chávez representaría el regreso al dictador Marcos Pérez Jiménez: vuelta al orden, al trabajo y la prosperidad de los años cincuenta. Cuando la seguridad era casi absoluta, se podía dormir con las puertas abiertas y los crímenes se los contaba con lupa. O los cometía la Seguridad Nacional.

El vicealmirante Radamés Muñoz León de visita de campaña en La Torre de la Prensa en 26 de agosto, en plenas vísperas presidenciales de 1998 denunció lo que una mínima suspicacia podía presentir sin mayores esfuerzos: el gobierno de Hugo Chávez sería un gobierno de delincuentes. Provocó escándalo y, por supuesto, nadie lo tomó en serio. Han debido transcurrir veinte años y el Apocalipsis para comprender cuán acertado era su pronóstico. Sin que entretanto y por mero efecto de demostración el liderazgo político sobrante de la Cuarta República se hubiera re higienizado: sigue tan populista, clientelar, estatista y socializante, oportunista y acanallado como lo fuera cuando tumbara a Carlos Andrés Pérez y le abriera los portones del Poder al castro comunismo, ocultándose para ver modo de sortear el temporal. Lo que permitiría que sujetos de moral y comportamiento deplorables, profundamente corrompidos, inmorales e incapaces de ver un milímetro más allá de sus injustificadas ambiciones presidencialistas sortearan todos los escollos y hayan fungido al cabo de los años de falsos salvadores de la Patria. Volviendo a los mercados de la opinión pública en busca de baños de multitud, satírica farsa de los grande líderes populistas del pasado que en su momento ayudaran a decapitar.

Son los ejes de la actual Quinta Columna, la que corre a hacerle el trabajo a la dictadura. En el colmo de la inmoralidad y el oportunismo desafían la conciencia de más de cuarenta naciones cubriendo con su manto de legitimidad al antro prostibulario de Tibisay Lucena y Nicolás Maduro. Se estarán preguntando: ¿qué oposición es esa que sufre un fraude descomunal y pone gustosa el pescuezo bajo las horcas caudinas de ese mismo ente dictatorial, corrompido y al pleno servicio del tirano? ¿Será estúpida? Antes que capaces de advertir los profundos cambios que están teniendo lugar en el cuerpo sociopolítico de la República y comprender que sin dichos cambios no hay posibilidad alguna de erradicar los grandes males de nuestro comportamiento político, hacen cuanto está a su alcance para impedirlos. Para anclarnos aún más en los viejos lazos de dependencia clientelar. Para eternizar el militarismo, el caudillismo, el tercermundismo que nos hunde cada día más en las peores rémoras de nuestro pasado.

De allí que las luchas que libran los jóvenes de la Resistencia encuentren en ellos el rechazo y el repudio, pues estos quinta columnistas son, así nadie lo quiera, víctimas transversales de esa política de purificación, a pecho descubierto, honesta, ejemplar, sin compromisos ni componendas. Como apenas se ha practicado la política en Venezuela desde los lejanos tiempos de la Generación del 28. Con la que esta generación de la Resistencia se encuentra directa, visceral, genéticamente engarzada. Libre de espurias ambiciones. De complicidades, acuerdos y transacciones. Con un solo objetivo que no dejará más saldo que el objetivo mismo: la liberación de Venezuela. Nuestros mártires no han muerto aspirando a un ministerio, a una embajada, a préstamos privilegiados, a negocios petroleros, a gigantesca disposición de recursos. No tienen los bolsillos manchados de sangre, de negociados, de arreglos suyos o de sus parentelas con PDVSA.

Se ha hecho hábito: bajar la testuz y correr a arrodillarse ante el sultán para evitar el tsunami que arrase con todo. Es lógico: serán los primeros en ser arrasados.