Palpitaciones: ¿Miedo?

¿Miedo?

“Libró a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida.”

(Hebreos 2: 15)

Según Robert Kloner, cardiólogo en el Hospital El Buen Samaritano, de la ciudad de Los Ángeles. Durante el terremoto ocurrido en esa ciudad el día 17 de enero de 1994, ¡el susto fue el causante del deceso de más de cien mil californianos!. Si un terrible temor nos puede conducir a una muerte prematura, ¿qué podemos hacer para no caer presa del pánico hasta el punto de desfallecer? Es bueno recordar como muchos de los primitivos cristianos enfrentaron a la muerte y al miedo que ella infunde, con ánimo tranquilo, cantando alabanzas al Señor, cantando victoria y perdonando a sus verdugos. ¿De donde provenía esa impresionante valentia? Sencillamente provenía de su fe en Jesucristo. Sabían que la muerte de Jesús en la Cruz había producido la muerte de la muerte, por eso pudieron  exclamar, en esas circunstancias, al igual que el Apóstol Pablo diciendo: “¿Dónde está o muerte tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro tu victoria?” (1 Corintios 15: 55).

Ningún verdadero creyente considera que la muerte es un castigo. Aún recuerdo a mi abuelo paterno. Era un hombre de una acrisolada fe Cristiana. Ya muy entrado en años, tuvimos la bendición de compartir con él sus últimos días sobre esta tierra. Nos predicaba el Evangelio, estaba siempre de buen humor, con una perenne sonrisa debajo de sus mostachos y nos decía que cada día le faltaba menos para ir celebrar una gran fiesta de bodas. Efectivamente, cuando partió con el Señor, quedó impresa en su rostro una sonrisa tan radiante como nunca he vuelto a ver en situaciones similares. Esa conducta lo convirtió en un sermón viviente y eran muchas las personas que venían a la casa para disfrutar de su compañía. Deduzco que la felicidad debe ser proporcional a la fe en Jesús.

Aceptemos e invoquemos también nosotros, con plena convicción, la maravilosa promesa de Jesús: “De cierto, de cierto les digo: el que cree en mí, tiene vida eterna”. (Juan 6: 47)