#Palpitaciones: Solidariamente

Solidariamente

“Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado.

(Hebreos 4: 15)

Un niño entró a un establecimiento dispuesto a comprar un perrito. Después de haber revisado unos cuantos se dirigió al encargado para informarse sobre su precio. Como el dinero no le alcanzaba, le dijo al vendedor que regresaría después para realizar la compra. La respuesta fue que debía apurarse porque la mascota que le gustaba no duraría mucho tiempo en el negocio porque era muy solicitada. El niño replicó que no sentía temor alguno de no encontrar al cachorrito de su preferencia porque estaba seguro que ninguna otra persona lo adquiriría.

Después de algo más de una semana, el niño logró reunir el dinero y se dirigió al citado negocio. El encargado ya ni se acordaba de él. Llegó hasta el sitio donde había dejado la mascota que le gustaba y, efectivamente, allí estaba.

Se dirigió a la caja, pagó el precio y le indicó al encargado cual era el cachorrito que deseaba llevarse. Sorprendido, el vendedor  recomendó que no le convenía llevarse el animalito que había seleccionado porque, aparte de estar muy flaco, cojeaba de una patita y no podría correr ni acompañarlo en sus juegos.

El niño, después de agradecer el consejo, le informó al vendedor que ese era precisamente el animal que le gustaba y el que había estado buscando.

El hombre estaba por exponer otro argumento pero se abstuvo al darse cuenta que el niño tenía una pierna artificial.

Evidentemente, el niño sabía lo que quería así como sabía como debía sentirse el cachorrito segregado desde hacía tiempo en esa tienda sin que persona alguna se hubiese interesado en él.

Recuerda que Jesús sabe como te sientes y Él te aprecia por lo que eres, sin tomar en cuenta tus limitaciones físicas o de otra índole. Él te ama de una forma incondicional y te ha escogido entre tantas otras personas.