#Palpitaciones: Dice el necio en su corazón:  «No hay Dios».”

Dice el necio en su corazón:  «No hay Dios».”

(Salmos 53: 1)

No es lo mismo ser necio que ser ateo. Antes de seguir, es necesario considerar que la connotación Bíblica de la palabra necio es un poco diferente de la que normalmente le damos, siguiendo su origen latino. En efecto según el diccionario común necio equivale a ignorante: “ne” está por negación y “scio” del verbo “scire” que significa saber, entonces necio es el que no sabe. Pero en la Biblia la connotación es más fuerte. En el Nuevo Testamento, se refiere a una persona insensata, loca, ignorante o sin entendimiento.

Por atra parte, el término “ateo” se refiere a la persona que niega la existencia de Dios. Para muchos es la manera más cómoda de no aceptar que todo ser humano es un pecador. Como tal rechaza la afirmación Bíblica que expresa: “Desde el cielo Dios contempla a los mortales,  para ver si hay alguien que sea sensato y busque a Dios. Pero todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!” (Salmo 53: 3).

Ser llamado pecador nos hiere profundamente, pero un ateo lo considera especialmente fastidioso. Éste último considera que todos podemos equivocarnos, pero piensa que los errores no pueden ser considerados pecados porque no pueden ofender a un Dios que, según ellos no existe. Además alegan que si la acción negativa tiene su raíz en el orgullo, es algo muy normal, porque todos somos orgullosos; más bien afirman que el orgullo es la energía que nos impulsa a elevarnos sobre los demás.

Los cristianos pensamos que si todos podemos equivocarnos, es también cierto que todos podemos reconocer el error, confesarlo y pedir perdón. Solamente un necio puede admitir tranquilamente que la justicia de Dios no se encargará de castigar las ofensas que hemos cometido en Su contra. No debemos confundir el amor de Dios hacia la humanidad con su justicia. Nunca habríamos podido ser rehabilitados si Dios no hubiese enviado a Cristo para redimirnos, pagando con Su vida el precio de nuestra redención. Recordemos con verdadero agradecimiento que: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.  Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.”  Estas son palabras textuales de Jesús tal como aparecen en Juan 3: 16 y 17.