#Palpitaciones: Honrando a Dios

Honrando a Dios

“Ustedes fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios.”

(1 Corintios 6: 20)

La vitalidad e integridad de una Iglesia depende, en gran medida de la conducta y el ejemplo de las personas que la encabezan. Si los dirigentes compiten entre ellos para alcanzar las más altas responsabilidades y se valen de cualquier argumento o subterfugio para apuntalar la propia posición o imponer la voluntad personal, el resto de los miembros también tendrán conductas dignas de poco o ningún encomio.

En cambio, si los que ejercen altas responsabilidades son movidos por el amor que sienten hacia Dios y hacia sus semejantes, buscando la inspiración y guía en el Espíritu Santo, para comprobar cual es la voluntad de Dios con respecto a ellos mismos y a las personas a quienes sirven, la Iglesia gozará de una asombrosa vitalidad y de una muy profunda espiritulidad.

Lo mismo sucede a nivel personal, en cada individuo. Tendrá una gran energía y vitalidad espiritual, si decide vivir según la voluntad de Dios, renunciando así a vivir según los dictados de su propio capricho. De aquí se deduce que la oración de una persona que ama a Dios debe ser: “Señor, hazme conocer tus caminos; muéstrame tus sendas” (Salmos 25: 4). Además Jesús nos enseña que: “El que habla por cuenta propia busca su vanagloria; en cambio, el que busca glorificar al que lo envió es una persona íntegra y sin doblez” (Juan 7:18). Vemos que la gente de Dios da toda la gloria a Aquél que la ha enviado por ser esta su obligación primordial. Es sorprendente experimentar como esta obligación, una vez que es atendida, se convierte en un fuente inmensa de gozo y bienestar.

Dedícate con alegría a glorificar a Dios si estás consciente de haber sido redimido del pecado, gracias al sacrificio en la Cruz de su amado Hijo unigénito: Jesucristo nuestro Redentor y Salvador. Es bueno tener presente que si nos callamos hasta las piedras gritarán. (Lucas 19: 40).