#Palpitaciones: A la hora del té con desconocidos.

A la hora del té con desconocidos.

“Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.”

(Mateo 24: 14)

Una señora aceptó al Señor Jesús cuando ya acababa de cumplir sus setenta años y su corazón le impulsaba a ponerse al servicio de Dios. Pidió orientación al pastor de su Iglesia y la respuesta fue que debía ponerse en oración. Aceptó el consejo y, un día mientras estaba orando sentió la necesidad de hacer algo para establecer contacto con los estudiantes de la Universidad cercana a su casa.

Salió de compras y adquirió unos carteles sobre los cuales escribió: “Si te sientes triste, con nostálgia y depresión, ven a mi casa, te invito a tomar el té a las cuatro p. m.”. Estampó también la dirección de su casa y los colgó en varios puntos claves de la Universidad.

De regreso a casa preparó el te, esperó, pero ese día nadie llegó. Así ocurrió durante los quince días siguientes, pero ella no cesó de orar al Señor. Finalmente se presentó un estudiante asiático. Compartieron el té y sostuvieron una conversación muy amena. El estudiante contó la agradable experiencia a sus compañeros de estudio. De allí a poco, unos setenta estudiantes se reunían puntualmente en aquella casa, a lo hora del té.

Al cabo de varios años, cuando la señora se durmió en el Señor, más de setenta epitafios cubrieron su tumba, escritos en muy diferentes idiomas, pero todos contenían las mismas palabras: “Me acerqué a tu casa por un té y allí conocí a Jesús el Salvador”. Oremos al Señor para que restablezca el orden en Venezuela y podamos colocar tranquilamente nuestros avisos invitando a personas desconocidas a compartir un té en nuestra casa, tan espiritual como el que ofrecia la citada señora.

Mientras tanto podremos valernos de otros medios para predicar a Cristo. ¿Estás haciendo algo para difundir el Evangelio, especialmente en Venezuela?