#Palpitaciones: La paternidad y sus retos

La paternidad y sus retos

“Imítenme a mí, como yo imito a Cristo.”

(1 Corintios 11: 1)

El Apóstol Pablo trataba a los miembros de la Iglesia de la ciudad de Corinto, en la antigua Grecia, como a sus hijos espirituales. Esto se debía al hecho que Pablo había fundado dicha Iglesia y casi todos ellos habían aceptado a Cristo, como Salvador personal, gracias a las predicaciones y a las exhortaciones hechas por él.

Ser padre espiritual de una persona no es cosa fácil, tampoco lo es ejercer con atino la paternidad natural. Todo padre experimenta una gran emoción cuando su pequeño hijo (Vale también para las pequeñas hijas) lo abraza y le agradece tiernamente, con la más radiante de las sonrisas, el regalo que acaba de recibir. ¡Dan ganas de ir a la tienda inmediatamente para comprarle otro regalo!.

También implica, la paternidad, actuar, a veces, con disciplina. En este caso, creo que el padre sufre más que el hijo. La responsabilidad paterna de coadyuvar a la formación del carácter implica también estos padecimientos. La plena convicción de que los hijos pequeños son grandes imitadores de los padres, nos estimula a darles buenos ejemplos. La triste circunstancia de que no somos perfectos nos mortifica porque temblamos ante la posibilidad de perder el respeto de nuestros hijos, cuando descubran que hemos cometido algún error.

La Biblia nos enseña que es inútil que tratemos de aparentar ser perfectos, o más apropiadamente, nos enseña que no es necesario ser perfectos, basta con que nuestros hijos aprendan y crean que sólo Jesús era perfecto, y lo sigue siendo.

El único modelo que debe seguir el padre es el del Salvador Jesucristo y es su responsabilidad orientar a sus hijos en este sentido. Así obtendrá el beneficio de sentir aliviada su carga y el de gozar de la protección de Dios en el desempeño de tan importante tarea.

Amada persona que me lees, he compartido contigo el secreto para hacer crecer adecuadamente a los hijos. No es necesario darle todo lo que nos pidan o todo lo que pensemos que les gusta. Recuerda que en el momento que cometas un error quedará en evidencia que no eres perfecto. Ayuda a tus hijos a fijar su mirada en Aquel que es verdaderamente perfecto, Cristo te ayudará a cumplir tu deber de padre con excelencia.