#Palpitaciones: Nos cuida como la niña de sus ojos

“Contenderé con los que contiendan contigo, y yo mismo salvaré a tus hijos.”

(Isaías 49: 25)

La Biblia nos relata como el profeta Daniel quedó envuelto en una trampa urdida en su contra, por sus enemigos religiosos y póliticos, para hacerlo caer en desgracia frente al emperador Nabucodonosor quien le tenía mucho aprecio y lo había nombrado gobernador de toda la provincia de Babilonia y jefe de todos los sabios (Daniel 2: 48).

Después de haber sido apresado mientras estaba orando en su casa según solía hacerlo, frente a la ventana abierta de su habitación, orientado hacia la ciudad de Jerusalén, fue conducido ante la presencia del emperador y acusado de desobediencia porque había sido prohibida esa forma de orar.

Con mucho pesar, Nabucodonosor no pudo absolverlo y se vio en la necesidad de condenarlo a morir devorado en la fosa de los leones. A la mañana siguiente, el emperador se dirigió, a temprana hora, a la fosa para llorar frente a los restos de su amigo. Grande fue su sorpresa cuando vio a Daniel rodeado por los leones hambientos pero agachados tranquilamente alrededor del profeta.

Visiblemente contento y emocionado por haber encontrado vivo a su amigo, reconoció inmediatamente que el Dios ante el cual se arrodillaba Daniel era, y es eternamente, el Único Dios Verdadero. Acto seguido ordenó que los acusadores del profeta fuesen echados en la misma fosa.

El relato Bíblico nos señala que los acusadores no tuvieron siquiera el tiempo de llegar al piso de la fosa, porque los leones los devoraron inmediatamente.

También nos promete, la Palabra de Dios, que Él destruirá a todos aquellos que pelean, oprimen y planifican maldades en contra de Sus hijos.

Sin embargo, debemos tener mucho cuidado de no alegrarnos de los sufrimientos que padecen o padecerán nustros opresores porque también esta escrito que: “No te alegres cuando caiga tu enemigo,  ni se regocije tu corazón ante su desgracia,  no sea que el Señor lo vea y no lo apruebe, y aparte de él su enojo” (Proverbios 24: 17).