#Palpitaciones: Poder y tinieblas

Poder y tinieblas

“Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto.”

(Juan 3: 20)

La oscuridad puede evitar que nuestras malas obras sean vistas por los demás, cuando estemos cometiendo algo inapropriado. Así caemos en la ilusión de que nuestra respetabilidad frente a los demás permanece incólume.

Sin embargo, los malos frutos de lo que hemos sembrado crecerán inexorablemente y, bajo su frondosa cobertura, nos sentiremos más a nuestras anchas para seguir actuando indebidamente.

 

Finalmente llegamos a sentirnos protegidos por las tinieblas que se vuelven más densas a medida que nos alejamos de la fuente de la luz y de la verdad.

Cuando esto sucede a nivel individual, el alcance de los daños que podemos infligir a los demás es limitado.

El asunto se torna dramáticamente trágico cuando las actuaciones al amparo de las tinieblas son perpetradas por funcionarios del estado, remunerados gracias a los impuestos que todos pagamos, y haciendo uso de las armas e instrumentos que le hemos entregado para protegernos.

 

Desde hace tiempo esta situación se presenta regularmente en Venezuela. Los ciudadanos vivimos en un permanente estado de aprehensión, nuestro sueño nocturno se ha vuelto una pesadilla ante la rutinaria conculcación del derecho constitucional a la inviolabilidad del hogar que venimos padeciendo por obra de personeros dispuestos a irrumpir con violencia en nuestras casas, en horas de la madrugada y a llevarnos detenidos en forma arbitraria, amparados en “órdenes superiores”.

A dichos funcionarios les recuerdo que sobre ellos existen varias advertencias en la Biblia como ésta: “¡Ay de los que van muy hondo para esconder sus planes al Señor!, y realizan sus obras en tinieblas y dicen: ¿Quien nos ve, o quien nos conoce?” (Isaías 29: 15).

También nos recomienda la Biblia que no participemos de las obras estériles de las tinieblas, sino más bien, desenmascarémoslas (Efesios 5: 11). Hay un ejército de personas de buena fe trabajando a plena luz del día en obediencia a este mandato. Entre ellas encontramos a los reporteros cuyo denuedo para mostrar abiertamente al mundo lo que está sucediendo en Venezuela no se ha amilanado, a pesar de la terrible represión que han tenido que afrontar. Otro día hablaremos de lo que le sucedió a una pareja que se consideraba dueña absoluta de la vida de sus administrados. A ellos les profetizó Elías en estos términos: “¿No has asesinado a un hombre (Nabot), y encima te has adueñado de su propiedad? ¡En el mismo lugar donde los perros lamieron la sangre de Nabot, lamerán también tu propia sangre!” (1 Reyes 21: 19). ¡Esta profecía se cumplió al pie de la letra!.