Antonio Sánchez García: Año 2002: Más respeto, Canciller @Sangarccs

Lo conocí discreto y servicial paseándose por los corredores de La Casona en los tiempos de Carlos Andrés Pérez, el ex presidente de la república execrado por el régimen cívico militar al que hoy sirve, cuando el golpismo que se le oponía no lo contaba entre los suyos. Lo sabía copeyano, eficiente, silencioso e introvertido. Perteneciente a esa elite de funcionarios suficientemente preparados como para ocupar los más altos cargos de la diplomacia oficial y dotados de la necesaria inteligencia, circunspección y comedimiento como para no traspasar jamás la tenue línea de sombra que suele separar el servicio a la nación a la que está obligado un diplomático de carrera de la servil aquiescencia frente a los gobernantes de turno propia de obsecuentes y agradecidos paniaguados acomodados a la sombra del Poder. Me equivocaba. El parco diplomático ha dejado caer su careta y muestra el feo rostro que los funcionarios de carrera al servicio del chavismo llevan por dentro: el del craso y seboso oportunismo. Arístides Calvani, de quien se dice ejemplar discípulo, estará revolcándose en su tumba. Terminar de multilingüe porta valijas de un teniente coronel que ha llevado la democracia fundada sobre la sangre, el sudor y las lágrimas de varias generaciones, entre las cuales las de Calvani y las de otros fundadores del social cristianismo, al estiércol de la desintegración, no es precisamente proeza para sumar a un curriculum amamantado con Rerum Novarum y calderismo. Por todo ello asombra el servicio que nuestro “políglota” desarmado presta al ágrafo teniente coronel. Habituado a moverse sobre las mullidas alfombras de los palaciegos corredores de las cancillerías ante las cuales ha representado a nuestros “corruptos” gobiernos desde que era un joven con futuro socialcristiano, ¿cómo se sentirá a la vera del teniente Diosdado Cabello, del inspector Bernal, del capitán Rodríguez Chacín, del guardaespaldas Carreño, del servicial Rodríguez, “fiscal”? ¿Participará en aquellas santas reuniones en que se fijan tareas de exterminio a los círculos bolivarianos, en que se insinúa el auxilio salvador de las FARC en casos de urgencia, en que se reparte el botín del FIEM, en que se ordena la distribución de Glock 9 mm al por mayor? Por no mencionar aquellas más íntimas y privadas, exclusivamente reservadas al más cercano e incondicional entorno. Podrá su versaillesco curriculum obviar la pestilencia del pantano que ahora pretende representar. Es el portavoz de una cloaca, y sólo manteniendo muy en alto la punta de la nariz podrá evitar los fétidos efluvios del pantano en que chapotea. Para ello no basta con dominar un par de idiomas: hay que tener un hígado a prueba de cañonazos. Y una ambición acorazada a punta de serviciales genuflexiones. Ahora, que no pretenda convertírsenos en un “luchador social”, en un alma caritativa al servicio de los pobres, en una madre Teresa de Calcuta súbitamente despertada al compromiso social ante la nación cuando no mediaba más que un paso para domiciliarse en la casa amarilla, aparentemente su secreta ambición de toda la vida. Y por favor, no nos irrespete: llamarnos fascistas es una grosería. Llevamos a buen recaudo una tradición al servicio de las luchas sociales, sin que medien premiaciones burocráticas o apetecidos cargos públicos. No olvide que, muy a su pesar, aún continúa representando a toda una república. No sólo a la zarrapastra de sus círculos bolivarianos. (No desperté ayer: vi sus fétidas entrañas desde el 4/F.) * (Advertencia: Este artículo fue publicado originalmente en El Mundo, de Caracas, en 2002. Se encuentra compilado en mi libro “Dictadura o democracia, Venezuela en la encrucijada”, Altazor, Caracas. 2003.)